Tarde de invierno, frio escarpado y solo en pueblos lejanos. Decidí emprender una marcha hacia ningún lugar. Monté en mi caballo, y no paré de galopar. Llegué a la luna. Allí me esperaba mi amada, en lo alto de una estrella. Yo, volé hacia ella, me acerqué, la besé, y desapareció. En ese momento no tenía frío, estaba en mi cama, soñaba con cosas lindas, y ahí acababa mi historia de amor de viernes, algo pasajero.
Algo que nunca pasa, pero que siempre imaginas... y si pasa, son solamente en el cine.
Relatos cortos -- Luis
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